Quiero que mi trabajo se valore por mi talento, no por mi género.

La igualdad salarial debería importar porque es una injusticia flagrante y somete a millones de mujeres y familias a vidas de pobreza con menos oportunidades.

Según el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España, “La igualdad de retribución entre mujeres y hombres por la realización del mismo trabajo, o de un trabajo de igual valor, es un derecho reconocido por el ordenamiento jurídico español y de la UE. En consecuencia, cualquier discriminación salarial directa o indirecta, está prohibida por ley.”

Para sensibilizar a la ciudadanía contra la brecha salarial de género, se ha promovido en España y en la UE, un día relacionado con la igualdad salarial, el 22 de febrero, cuyo objetivo es mostrar que mujeres y hombres no ganan lo mismo por la realización del mismo trabajo o de un trabajo de igual valor. En definitiva, las mujeres de cualquier edad, sector en el que trabajen, tipo de jornada o contrato, etc. tienen que trabajar más para ganar lo mismo que los hombres.

La brecha salarial continúa siendo una realidad en España y Europa, las mujeres europeas cobran de media un 15,7% menos que los hombres. Eso se concreta en que la diferencia del ingreso bruto por hora entre los trabajadores y las trabajadoras pasó de ser un 17,1% en 2010 a un 15,7% en 2018, según los últimos datos de Eurostat.

A nivel mundial, ONU Mujeres habla de que la brecha salarial de género es del 16 por ciento, lo que significa que las trabajadoras ganan en promedio el 84 por ciento de lo que ganan los hombres. En el caso de las mujeres de color, las inmigrantes y las mujeres madres, la diferencia es todavía mayor.

Estas diferencias en los salarios tienen evidentes consecuencias negativas diarias y reales para las mujeres y sus familias.

Las épocas de crisis acentúan aún más los efectos negativos. Se estima que los efectos causados por la COVID-19 podrían empujar a 96 millones de personas a la pobreza extrema para el año 2021, lo que llevaría a 435 millones el número de mujeres y niñas que viven con 1,90 $ por día.

La brecha salarial de género está arraigada en desigualdades estructurales. Las mujeres, están sobre todo representadas en los sectores más vulnerables laboralmente. Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor: quienes se dedican a los cuidados, quienes forman el grueso del trabajo doméstico, del personal de la hostelería y servicios, por lo general son mujeres. Tienen trabajos precarios que muchas veces están fuera de la legalidad laboral, y quedan atrapadas en ambientes laborales con salarios bajos e inseguros, sin beneficios sociales. Estas malas condiciones para muchas mujeres trabajadoras perpetúan la brecha salarial de género.

La maternidad es otro motivo que penaliza a las mujeres y aumenta esa desigualdad salarial. De media, a las madres trabajadoras se les paga menos que a las mujeres que no son madres, y el problema aumenta a medida que aumenta el número de hijos. El hecho de que las madres tengan sueldos más bajos puede estar relacionado con un horario de trabajo reducido, con estar en trabajos mejor adaptados a la vida familiar que tienden a tener salarios más bajos, con decisiones de contratación y ascensos que perjudican las carreras de las madres, y con una falta de programas que apoyen el regreso al trabajo de las mujeres después de haber pasado un tiempo fuera del mercado laboral.

El pasado mes de octubre el Gobierno aprobó un decreto que pretende garantizar la transparencia retributiva en los salarios entre hombres y mujeres mediante evaluaciones de puestos y planes en las empresas para corregir desigualdades, al mismo tiempo que recoge un sistema de valoración de puestos de trabajo para asegurar una igual retribución por trabajos de igual valor.

Tenemos que recalcar que todos los avances legislativos que se han adoptado en estos últimos años en el ámbito laboral, garantizan, que las injusticias salariales que sufren las mujeres, estén disminuyendo y que aunque sólo sea a golpe de legislación, las mujeres podamos disfrutar de la igualdad de oportunidades real, en el que nuestro trabajo se valore por nuestro talento y nuestro éxitos, no por nuestro género.